Veta La Palma – Acuicultura (casi) ecológica

La sostenibilidad como filosofía y como práctica.

La semana pasada, por fin, pude hacer el primer reportaje de Ecología Fácil.

De la mano de Miguel Medialdea, Responsable de Calidad y Medio Ambiente, y de Luís Contreras, Director General,  visité un lugar de ensueño: Veta La Palma, una piscifactoría casi ecológica y una acuicultura 100% sostenible.

Veta La Palma existe, no es un diseño sobre un folio, es un lugar real. En esta finca la acuicultura genera 60 empleos, alimenta a 250 especies de pájaros, el agua se purifica de forma natural y además se produce un pescado de excelente calidad: con alimentación principalmente natural, sin antibióticos y sin hormonas.

La filosofía que rige todo el proyecto es la sostenibilidad. En primer lugar, sostenibilidad ambiental: el método de producción que utilizan respeta y regenera el medio ambiente. En segundo la sostenibilidad social: la tecnificación y automatización son usadas en procesos clave y no sustituyen la mano de obra humana. Y finalmente, la sostenibilidad económica: la búsqueda de la optimización que permite obtener un producto de calidad y que sea rentable.

La finca de 11.000 hectáreas está dotada de un sistema de canales que recoge el agua del estuario del río Guadalquivir y la distribuye por sus embalses. Primero el agua del río entra en un inmenso canal de almacenamiento que sirve también como reserva de seguridad, después fluye a las balsas de cultivo semi-extensivo en las que están los peces de mayor valor comercial y que necesitan mayor aporte de nutrientes (lubinas, corvinas, doradas), a continuación fluye a las balsas de cultivo extensivo (anguilas y albures). En estas balsas el exceso de nitrógeno y de fosfatos es filtrado por la abundante vegetación, transformándose en nutrientes que alimentan al fitoplancton, que a su vez alimenta al zooplancton que finalmente alimenta a peces y aves. De esta forma cuando el agua es devuelta al Guadalquivir está naturalmente depurada.

En las balsas de cultivo semi-extensivo la principal fuente de alimentación de los peces es la natural.  Está compuesta por camarones, plancton y algas que se reproducen en los embalses o entran con el agua del rio. Como aporte adicional, principalmente en el invierno cuándo las temperaturas bajan y hay menos alimento natural tienen acceso a pienso, y digo que tienen acceso ya que son los propios peces los que activan el dispensador de comida cuando su alimentación natural no es suficiente.

En las inmensas balsas extensivas no hay aporte de pienso, los peces solo se alimentan de lo que el eco-sistema produce. En la laguna y en la vegetación que la rodea  las aves vienen a bañarse, anidar y buscar alimento. Se estima que las aves comen un 20% de la producción. Lejos de verlo como un problema a solucionar, se entiende que es un hecho con el que hay que convivir, y pese a que se lleven parte de la producción colaboran en el equilibrio de este refugio.

En la finca la tecnología está presente para mejorar la productividad, pero no para eliminar puestos de trabajo. Los trabajadores revisan las balsas a diario, abasteciendo los depósitos de alimento, capturando el pescado con redes u observando su comportamiento. Al contrario que en las piscifactorías tradicionales es raro ver a los peces en las balsas y cuándo estos emergen a la superficie para respirar es una señal de que algo no va bien, de manera que se recoge una muestra y se lleva al laboratorio. Las analíticas indican si hay algún parásito o algo va mal y, según el diagnóstico y la gravedad de la situación, se aplica el tratamiento adecuado y en las cantidades exactas, evitándose el tratamiento periódico preventivo.

El resultado de estas buenas prácticas es un pescado de excelente calidad apreciado por los mejores cocineros del mundo, generación de empleos, conservación y recuperación del medio ambiente y un producto final con un precio asequible aunque más caro que el de sus competidores.

Ahora toca al consumidor decidir: pagar más por un producto que respeta la naturaleza y genera empleos o buscar lo más barato sin importarle las consecuencias.

Si apostamos por la sostenibilidad más explotaciones seguirán el ejemplo de Veta La Palma, buscarán un uso racional de los recursos y de la automatización porque se sentirán respaldadas por el consumidor. Si nos preocupamos solamente por los precios bajos, vencerá el modelo de producción en el que las máquinas eliminan puestos de trabajo, los pocos puestos que quedan son mal remunerados, el pescado es atiborrado a pienso, hormonas y antibióticos, y las aguas se vierten al río contaminadas.

Así como queremos que las empresas salten del discurso verde a la práctica, también debemos exigirnos lo mismo y saber que además de querer un mundo mejor hay que implicarse para hacerlo mejor.

Me imagino a Luis y al equipo de Veta la Palma consultando las ventas de la explotación, sopesando que aumentar la automatización y la densidad de peces en las balsas bajaría los precios y aumentaría el lucro de la finca, sería una decisión normal, pero significaría traicionar su ética y sus sueños de sostenibilidad. En algunos momentos ellos tendrán dudas, se sentirán presionados y se preguntarán “¿Qué hay de malo en perseguir los sueños?”.  En este momento me gustaría que les contestásemos que no hay nada de malo en perseguir un sueño, y que es más, que cuenten con nosotros para hacer de este sueño realidad.

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