Tuve un Flashforward (capítulo 7)

Resumen:
En capítulos anteriores Elisa viaja al año 2053, descubre a Antonio y a José Luis, personas que también han viajado en el tiempo. En el futuro las personas no se asustaron con su viaje en el tiempo, de hecho dicen que hay más gente haciéndolo. Ahora se reunirán para hablar de sus experiencias 
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Capítulo 7
Cuándo Antonio terminó  de contarnos su viaje en el tiempo, José Luis contó su experiencia y yo la mía. Empezábamos a analizar la situación cuándo un hombre de unos 40 años que estaba sentado en la mesa detrás de la nuestra se levantó y se acercó. Tenía una expresión rara en la cara y me imaginé que no nos preguntaría la hora. Pidió perdón por la indiscreción, pero dijo que no pudo evitar escuchar que hablábamos algo sobre el año 2053. Automáticamente nos miramos entre todos, lo primero que se me ocurrió es que se burlaría de nosotros, pero mirándole bien vi que en realidad él estaba mucho más molesto que nosotros. José Luis fue el primero  a contestarle:
- Sí, hablábamos de 2053, ¿por qué lo pregunta?
El hombre no sabía cómo contestarle, se puso pensativo y al final dijo que no era nada. Pidió disculpas y empezaba a alejarse de la mesa cuándo le dije:
- Nosotros tuvimos unos sueños raros sobre el año 2053, ¿usted también ha soñado?
Titubeó por un instante, pero finalmente me contestó que sí, que había soñado con el año 2053:
- Este sueño que tuve, me pareció muy real. Pero como todo fue tan raro, creí que no era nada y lo olvidé, pero al oír el año 2053 en vuestra conversación me fue inevitable prestar atención y me he dado cuenta de que lo mismo que yo había sentido, había pasado también a vosotros.
Le invité a sentarse, nos presentamos todos, él se llamaba Roberto. Y lo que nos contó nos hizo creer que tal vez él hubiese sido el primer viajante y que en el futuro no todo serian rosas.
“Yo estaba en casa de unos amigos en el paseo Rafael Casanovas, nos reuníamos por Santa Tecla todos estaban alrededor de la mesa yo me alejé, estaba muy cansado, en el salón hay un sofá de frente a unas amplias ventanas de cristal, me senté a contemplar el mar. Estaba muy cansado y cerré los ojos. Cuándo los abrí estaba en una sala blanca, sentado sobre una silla como si fuera de dentista, delante de mí había una médica de unos 70 años, muy elegante, tenía en una mano una seringa y en la otra un algodón. Intenté moverme y me di cuenta de que estaba atado a la silla.
- ¿Qué hago aquí? ¿Quién eres? ¿Dónde están todos? – le pregunté.
- ¿Qué dices Tiago? – me preguntó extrañada.
- Yo no soy Tiago, ¿Por qué estoy atado a esta silla? ¿Qué hay en la seringa?
- Tiago, rechazaste apoyo psicológico, decías que no tenías ningún problema con la eutanasia. ¿Qué te pasa ahora? – me contestó consternada.
- Resulta que yo no soy Tiago y además la eutanasia está prohibida en España. Por favor, suélteme y dame un teléfono que quiero irme de aquí.
La señora me miró preocupada se alejó a la pared, apretó un botón y se puso a explicar a no sé quién lo que me pasaba.  Alguien le contestó que esto nunca había pasado antes y que dadas las circunstancias a lo mejor me calmaría repasar mi histórico.
- Tiago en el último control de la población el gobierno informó que deberíamos sacrificar 40 mil personas.  Los datos estuvieron a disposición de todos, incluso nuestra comunidad y al final  ratificamos las conclusiones. A partir de este momento muchos ancianos, suicidas y enfermos terminales optaron por la eutanasia.  Pero esto solo redujo el número a 37 mil personas. Entonces, como dice la ley, se ejecutaron todos los presos lo que redujo el número a 7 mil. Y a partir de este punto el único criterio aceptable de selección es la huella medio ambiental familiar.
- ¿Qué es esto de huella familiar? ¿Qué dices? – le pregunté. Ella me miró resignada y triste y me contestó:
- Desde 2012 que se recopilan los datos de consumo personal con total fiabilidad. Con estos datos se puede estimar las emisiones de carbono generadas por cada ser humano, estas emisiones o huellas se transmiten a los hijos, igual que el patrimonio, pero aquí la cuenta va al revés, cuánto mayor tu herencia en emisiones, más posibilidad tienes de ser sacrificado en los controles de población. Tu padre venía de una familia muy rica y toda su vida se basó en altas emisiones de carbono: tenía 4 casas, cambiaba de coche cada año, muchos viajes en avión, un guarda-ropa infinito, aparatos electrónicos de última generación, carne cada día…
- ¿Qué año estamos? – le interrumpí.
- En 2053.
Después de su respuesta, cerré los ojos y cuándo los abrí, estaba otra vez en la casa de mis amigos.
- ¿No te han dicho que  había otros viajantes? – le preguntó Antonio. Él contestó que no.
- ¿Y soñaste esto en Santa Tecla? ¿En septiembre? – le pregunté. Él me confirmó con la cabeza.
- Creo que has sido el primer viajante – dijo José Luis.
Fin del capítulo 7.