Tuve un Flashforward (capítulo 6)

Resumen:

En capítulos anteriores Elisa viaja al año 2053, en internet descubre otra persona que ha tenido la misma experiencia. En el futuro las personas no se asustaron con su viaje en el tiempo, de hecho dicen que hay más gente haciéndolo. ¿Habrá sido un sueño? ¿Estarán locos? 
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José Luis, Antonio y yo quedamos de encontrarnos hoy en Tarragona en la plaza de la Font. Claudio me acompaña, cree que estoy loca, pero sabe que si no viene conmigo yo iré al encuentro de todas maneras y no le parece bien que me vea con dos chicos desconocidos.

Quedamos en el Lizarrán, sobre la 1 de la tarde.  Claudio y yo llegamos los primeros, pedimos un par de cervezas, la mía sin alcohol y esperamos. El primer a llegar es Antonio, el bombero, debe de medir 1,90, casi 2 metros, tiene la piel morena, el cuerpo atlético, el pelo cortado muy corto como si fuera un soldado y unos ojos azules. Cuándo entra en el bar varias personas se fijan, una mesa de chicas que tenemos al lado se alborota. Antonio mira a las mesas y en seguida me reconoce, tengo el pelo muy rubio y muy corto, soy muy delgada y además le había dicho que llevaría una camiseta verde oliva con una vaca dibujada y el reclamo de que el valor en subvenciones recibidas por una vaca europea es más alto que la nómina de un trabajador en India.

Intercambiamos una sonrisa, él se acerca y se presenta, le pedimos una cerveza. En esto llega José Luis. Es muy bajito, delgado, calvo con una barbilla de 2 días, tiene cara de mala leche y se mueve como si fuera una ardilla. Dentro del bar hay mucho ruido, fuera, aunque sea invierno hace sol y no hay viento, salimos a la terraza para poder escucharnos mejor.

Yo me siento una adolescente en esta situación. Estamos los 3 muy excitados con todo, solo Claudio se aburre.  El flashforward nos parece ficción científica, nos conocimos los 3 por internet, y siempre nos queda la sensación de que alguien nos toma el pelo.  Pero todas estas impresiones se disipan cuándo empezamos a hablar de nuestras experiencias. Antonio explica:

“También tuve el flashforward las vísperas del 31 de diciembre. Leía un libro y tenía la vista cansada, eché la cabeza atrás en el sofá y cerré los ojos un instante, cuando volví a abrirlos estaba dentro de un coche. A mi lado, en el asiento del pasajero hay un señor de unos 40 años y dice:
- Anda Andrés, que ya llega el camión.
Miro el asiento de atrás, está vacío, le pregunto al señor con quien habla.
- Con Jesús Cristo, ¿qué te crees? Hablo contigo…. Esta juventud… echan una cabezada y ya no se enteran de nada, se van a Marte…
Le digo que no me llamo Andrés.  Él abre la guantera del coche y me enseña una credencial, hay la foto de un chico y el nombre Andrés escrito.
- ¿Que no te llamas Andrés? – me lo dice irónico apuntando la credencial.
Le explico que yo no soy el de la foto. Él coge el retrovisor y lo gira hacia mí, indica que me mire al espejo. Me miro y veo el chico de la foto, no me lo puedo creer, me toco la cara para ver que realmente es la cara que veo  en el espejo. De repente al hombre se le cambia la expresión, se le pone una cara de ilusión, abre la puerta del coche y grita:
- Venid, que tenemos un viajante en el cuerpo de Andrés. ¡Traed los planes, traed las máquinas!
En este momento me doy cuenta de que estamos en una carretera al lado de un bosque, hay algunos coches aparcados cerca y un camión. De los coches va saliendo gente, 4 personas por coche. Hombres y mujeres, gente joven y gente mayor, de unos 70 años. Se ponen a explicarme cosas, como si lo hubiesen ensayado, me cuentan que estoy en el año de 2053.  El primero a acercarse me explica que él es el panadero del pueblo, me señala la alcaldesa, el peluquero, el médico, la ingeniera que eran las personas más cercanas.  El peluquero abre un plano y me explica que todos se han reunido para podar el bosque, el camión trae las herramientas más sofisticadas que se quedarán aquí 2 días y luego irán al próximo pueblo, el bosque es enorme pero él me explica que está todo planificado, que ya habían venido estudiarlo, mapearlo y planificarlo antes.  Una señora de unos 70 años se acerca, está metida en un tipo de máquina, como si fuere un andador con gadgets, por la parte de delante lleva encajada una moto sierra, con la ayuda de la máquina, posiciona la moto sierra, y hace un movimiento como si cortara un árbol. Sonríe y me dice:
- Con esto no me hace falta fuerza, solo cerebro y esto tengo mucho.
Es fascinante. En este momento me pican los ojos, los cierro y los rasco un momento, cuándo vuelvo a abrirlos ya estaba en casa.”

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Fin del capítulo 6.