Transgénicos: bueno (solo) para la empresa.

Transgénico es el término que usamos normalmente para definir un OGM: Organismo Genéticamente Modificado, o GMO en sus siglas en inglés.

El asunto está rodeado de polémica, sus defensores lo venden como solución para la crisis alimentaria e icono de progreso, sus detractores alertan de sus consecuencias desconocidas e imprevisibles sobre el medio ambiente y nuestra salud.

De manera ingenua pensamos en los transgenicos como la creación de una manzana que se pueda pelar como un plátano o súper alimentos con toda clase de vitaminas. Pero esto es un negocio y su único objetivo es el lucro (a cualquier precio), empresas como Monsanto buscan el control del mercado de semillas y el monopolio en la venta de agro-tóxicos a través de la diseminación del uso de transgénicos.

La semilla transgénica es modificada en laboratorio y por tanto se transforma en un producto tecnológico sujeto a una patente y a unos royalties. La cultura milenaria de guardar las semillas se rompe con esta práctica: los agricultores tienen prohibido guardar semillas para futuras plantaciones y están obligados a comprarlas cada año. De hecho, ya existe una tecnología, muy polémica y a la que muchos países hacen moratoria, llamada Terminator y consiste en una semilla que produce una planta de maíz estéril.

Lo peor es que en el caso del maíz, la fecundación ocurre por aire, de manera que cultivos no transgénicos fácilmente quedan contaminados y las semillas de estas plantas contaminadas serán transgénicas, de manera que un agricultor que no desea trabajar con semillas transgénicas, termina cosechando maíz transgénico y ya no puede guardar las semillas del maíz que ha plantado originalmente.

Por otro lado, gran parte de las semillas transgénicas están diseñadas para tener mayor resistencia a los agro-tóxicos específicos, como no, la misma empresa que vende la semilla vende también el agro-tóxico, ambos patentados. Vaya chollo. Las consecuencias son nefastas. Como la planta es más resistente se echan agro-tóxicos en mayor cantidad, generando mayor exposición del agricultor a los productos químicos y mayor acúmulo de sustancias tóxicas en el medio ambiente.

Además las plagas aumentan su resistencia a productos específicos con facilidad. Como están diseñadas para ser muy productivas estas plantas agotan al suelo, lo que hace que aumente la necesidad de aportaciones de fertilizantes a la tierra y también son muy exigentes en agua.

En resumen: más gastos para el agricultor, más tóxicos en el medio ambiente y más lucro para las empresas.

Por esto el rechazo a productos OGMs no es simplemente un tema de salud, también es un tema de justicia social y de preservación del medio ambiente y de la bio-diversidad agrícola. Actualmente en España los OGMs solo están autorizados para alimentación animal. Siempre que posible elige la compra de leche, huevos y carne de producción ecológica (esto garantiza que los animales no fueran alimentados con transgénicos).