Rebelión en Egipto

Veo las imágenes de la rebelión de Egipto en el telediario y se me hace un nudo en la garganta. Qué fuerza, qué valor, qué oprimidos tenían que estar para lanzarse así a las calles y saltarse al toque de queda, y también qué esperanza y qué ganas de vivir una democracia. Una democracia que además del derecho a votar, supone poder trabajar dignamente, progresar y disfrutar mínimamente de las maravillas del siglo XXI.

 

Se me hace un nudo en la garganta porque me acuerdo de Miguel, el taxista copto que nos acompaño en El Cairo; de Walid, el guía que tan apasionadamente nos explicaba la riqueza arqueológica de su país; de las jóvenes a las que pedíamos información en la calle y nos contestaban alegremente luciendo su inglés; tienen una cultura y una religión distinta la mía pero se parecen tanto a mí: gente normal  que solo quiere vivir en paz y dignamente. ¿Cómo estarán? ¿Les habrán hecho daño?  Y todo lo que tendrán que pasar todavía…

 

¿Qué les espera? Puede que Mubarak mantenga el pulso y ni la clase política y tampoco el resto de la sociedad occidental se mojen para garantizarles esta democracia que tan cínicamente publicitamos. Puede que Mubarak se vaya y entonces veremos a Estados Unidos ocupándose de poner en el mando a alguien que les beneficie geopolíticamente (sin importarle mucho la situación de la gente), también veremos a un nuevo líder inexperto (normal después de 30 años de dictadura) o incluso uno que también sea corrupto. Un largo camino les espera.

Pero da igual, esta rebelión ha sido un paso de gigante y nadie les podrá quitar haberla vivido y haber luchado por sus sueños. Ojalá se nos contagie también a nosotros, porque para luchar por un sueño no hace falta una dictadura, solo hace falta contrastar lo maravilloso que podría ser el mundo versus lo mediocre que es y luchar para hacerlo mejor.

Sí, tenemos que decir basta a las intervenciones interesadas de las grandes potencias ahí dónde pueden sacarse algún lucro, decir basta a que hagan la vista gorda ahí donde no pueden sacar ningún beneficio, decir basta a un sistema financiero y un modelo de gestión que solo buscan altas ganancias (ser rentable no es suficiente) aunque para esto tengan que especular con alimentos y con petróleo, mecanizar y robotizar la producción (con la consecuente pérdida de empleos), contaminar el medio ambiente, destruir bosques, etc., etc., etc.

Y alguien se preguntará que hace este post en un blog de ecología, pues resulta que los ecologistas sueñan con un mundo equilibrado y con gente inteligente y sensible que use bien los recursos del planeta. Bueno y aparte de que las dictaduras no son buenas para el equilibrio los egipcios hacen parte del planeta.

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