¿Qué comeremos mañana?

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) calcula que se ha perdido el 75% de la diversidad agrícola en el período entre 1900 y 2000. ¿A qué se debe esta drástica reducción de diversidad? ¿Cómo esto afecta nuestra seguridad alimentaria frente al cambio climático y el aumento de la población mundial? ¿Qué medidas están siendo tomadas para preservar la diversidad agrícola?

Reducción de biodiversidad agrícola
Antiguamente en cada región geográfica cada campesino se dedicaba a seleccionar y reproducir sus semillas. Al no disponer de mucha tecnología o de productos importados en abundancia los campesinos cultivaban gran variedad de verduras y de especies: desde especies tempranas (es decir las primeras en estar listas para la cosecha) a especies tardías, especies que aguantaban mucho tiempo almacenadas, especies que se adaptaban al exceso de lluvia y otras que toleraban bien la sequía.

Con el pasar de los años la evolución del capitalismo, el aumento de la tecnología, el petróleo barato, la mecanización y la globalización hacen que el cultivo de subsistencia de paso a cultivos comerciales, con el objetivo de producir en gran cantidad al mínimo coste. Primero se reducen las variedades cultivadas, pues es más productivo especializarse en un tipo: se necesita solo un tipo de maquinaria, pesticida, fertilizante, etc. Las especies pasan a seleccionarse con base a su productividad pues ya se puede corregir el suelo, la aportación de agua y el control de plagas a través de productos químicos.

Finalmente la agroindustria hace una fuerte campaña para que se haga la sustitución de las semillas tradicionales por las suyas (híbridas, mejoradas o transgénicas). A tal punto que hoy solo 5 variedades de arroz representan el 95% de la cosecha de los países arroceros.

Cómo esto nos afecta
La naturaleza está en constante adaptación y los recursos para estas adaptaciones están esencialmente en los genes. Cuanto mayor la diversidad, mayores las posibilidades de adaptación.

El modelo económico premia las grandes extensiones de monocultivos en detrimento de otros modelos más diversificados tanto en variedades cultivadas como en técnicas de cultivo. Es exactamente el opuesto al cuento de la lechera: en vez de diversificar la producción colocamos todas las apuestas en un pequeño grupo de productos.

El riesgo de esta estrategia se ha demostrado en la Gran Hambruna Irlandesa: Irlanda basaba su agricultura en el cultivo de patata, en el periodo de 1845 a 1849 un tipo de mildiú devastó la cosecha de 3 años seguidos, como resultado se estima que han muerto de hambre 2.000.000 de irlandeses.

Otro ejemplo es el caso del cacao en Bahía – Brasil. A finales de la década de 80 Brasil era el 2º exportador mundial de cacao, en los años 90 hubo una plaga llamada “Vassoura de Bruxa” (Escoba de bruja) devastó todas las plantaciones a tal punto que de 2º exportador mundial Brasil pasó a ser importador de cacao.

La mayoría de las especies comerciales de hoy están adaptadas para: abundancia de agua, uso de fertilizantes y de pesticidas. Tal vez no sea el modelo adecuado para nuestras necesidades futuras con un clima cada vez más inestable, escasez de agua y el agotamiento y encarecimiento del petróleo.

Qué medidas están siendo tomadas
Como de costumbre las medidas para garantizar nuestra soberanía alimentaria y biodiversidad agrícola brillan por su ausencia en un modelo económico que premia exclusivamente altos beneficios inmeditos y con políticos que no ven más allá del fin de su mandato (y su futuro empleo como consejero en una de las corporaciones que haya beneficiado mientras era político).

Actualmente la biodiversidad está siendo garantizada a través de bancos de semillas y de la actuación desinteresada de unos pocos románticos a los que la sociedad insiste en llamar de bichos raros, ecologistas, freaks, perros-flautas, anti-sistema, etc.

Los bancos de semillas representan una buena iniciativa pero no es suficiente. Un banco de semillas es un repositorio donde se almacenan pequeñas cantidades de diversos tipos de semillas. Como mucho garantiza que la especie no se extinguirá, pero no permite el desarrollo de las técnicas de cultivo y tampoco la evolución genética de la planta, pues mientras la semilla está congelada obviamente se frena su proceso de adaptación; finalmente no está claro quién tendrá el privilegio de uso de estas semillas caso sea necesario usarlas en el futuro.

Por otro lado los románticos que insisten en recuperar y cultivar las semillas antiguas, locales y tradicionales tienen que sortear varios obstáculos, el principal de ellos es que están en la ilegalidad, puesto que solo puede existir actividad económica sobre semillas registradas y la mayor parte de estas semillas carecen de registro. Tampoco resulta sencillo registrarlas, el proceso de registro es caro (puede variar de 381€ a 2.000€ por especie registrada) y complejo, pero el principal problema está en que el registro exige un grado de homogeneidad que no existe en este tipo de semilla.

En una finca del Alt Camp, un campesino ha conseguido cultivar 350 especies de semillas antiguas. Obviamente le resulta imposible registrarlas: significaría un coste mínimo de 133.350€ (350 especies x 381€ cada registro), unas 1.750 páginas de formularios (350 especies x 5 páginas) e interpretar instrucciones del tipo:

“Si el solicitante es el causahabiente del obtentor, documento fehaciente de su causahabiencia.
Si el solicitante no es el obtentor ni su causahabiente, documento acreditativo de la autorización concedida por aquellos.”

Entonces vuelvo a preguntar ¿qué comeremos mañana?
Pese a todo esto los privilegiados del primer mundo puede que tengan un amplio abanico de opciones, desde productos orgánicos a precios algo salados a productos de agricultura convencional cultivados en sitios donde la población autóctona se muere de hambre o con una gran carga de pesticidas y fertilizantes químicos.

Pero los miles de millones de habitantes de bajo poder adquisitivo de los países pobres o en desarrollo están en manos de la suerte. Si se torna realidad el mejor escenario, seguiremos con las cifras alrededor de mil millones de habitantes que pasan hambre (y no es por falta de alimentos, sino por falta de dinero). Si ocurre el peor escenario veremos como aumentan las noticias sobre grandes hambrunas y, lamentablemente, llegaremos a la conclusión de que es algo triste, pero inevitable y recurriente.

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