Preocupación por la explosión de enfermedades ambientales en niños

Este artículo ha sido publicado originalmente en Compromiso RSE.

16/02/2012 11:42:25 En los últimos años, se está produciendo un preocupante aumento en los casos de autismo, intolerancias alimentarias, afecciones respiratorias, hiperactividad, diabetes, depresión o sensibilidad química en niños. El asma, las alergias y las enfermedades respiratorias, por ejemplo, han duplicado sus cifras en los últimos 15 años y, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, el 30% de las enfermedades infantiles están asociadas al medio ambiente.

Por ahora, son pocas las cifras que concretan un problema alarmante como es el aumento de dolencias infantiles por causas ambientales, pero a la consulta de la Fundación Alborada, especializada en medicina ambiental, llegan cada vez más menores con estos problemas. “Me estoy encontrando con niños de seis o siete años que padecen intolerancias y desórdenes alimentarios, alergias, Sensibilidad Química Múltiple, problemas de piel, asma, hiperactividad, problemas de peso, insomnio, irritabilidad o autismo”, explica la pediatra Pilar Muñoz-Calero, presidenta de la fundación. Desde 1965 se han creado cuatro millones de compuestos químicos diferentes, de los que unos 100.000 se producen y comercializan actualmente. Un buen número de ellos son tóxicos y solubles en grasa, por lo que tienden a acumularse en el tejido graso de las personas.

Contaminantes como los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono y el ozono favorecen la aparición de síntomas y exacerbaciones en niños con asma. La Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y un hospital mexicano van a hacer un estudio con más de 1.000 recién nacidos para conocer los factores ambientales que pueden estar provocando estos problemas, pues hay ciudades en las que el 12% de los niños padece ya esta afección respiratoria.
Aproximadamente, el 5% de niños menores de tres años son alérgicos a uno o más alimentos. Las intolerancias más comunes son a leche, huevos, soja, trigo, pescado, cacahuetes y bayas, pero casi cualquier proteína alimentaria puede causar una reacción alérgica según la Asociación Norteamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.

Para los médicos de la Fundación Alborada, una de las razones que pueden explicar la epidemia de intolerancias alimentarias, hiperactividad o asma infantil es la exposición a sustancias tóxicas desde el embarazo, en los primeros meses de vida e, incluso, durante el nacicimiento. La oxitocina rutinaria (una hormona sintética utilizada masivamente para provocar el parto) podría estar relacionada, por ejemplo, con alteraciones de personalidad en el niño. Cada vez son más los indicios de relación entre la “epidemia” de oxitocina y la “epidemia” de autismo, según el doctor Emilio Santos Leal, médico psiquiatra y ginecólogo. Según Bernard Rimland, director de Instituto para la Investigación del Autismo, la epidemia de autismo es un hecho y la causa podría ser la “excesiva vacunación de la infancia”.

Hace unos años, la publicación, por parte del abogado Robert Kennedy de su informe Deadly Immunity provocó una gran polémica al documentarse por primera vez que las compañías farmacéuticas sabían que las vacunas que llevan conservante a base de mercurio pueden provocar autismo. Otros metales, como el aluminio utilizado como adyuvante en las vacunas, también son investigados. Para muchos, el estudio de los tóxicos ambientales va a ser en el futuro lo que la microbiología fue en el pasado y los análisis de tóxicos en sangre van a ser tan comunes dentro de unos años como lo son hoy los análisis de colesterol.

Controles más estrictos y alarmas
La Fundación Alborada, creada para desarrollar la medicina ambiental en nuestro país, cree que se deben aplicar controles mucho más estrictos a la liberación de sustancias químicas y evitar la dispersión al ambiente de miles de ellas, además, innecesarias. A este respecto, recuerda las conclusiones del V Congreso Internacional de Medicina Ambiental, celebrado en Madrid el pasado mes de junio, en las que se recalcaba la necesidad de que nuestro ambiente sea un entorno más sano. “No queremos provocar alarma –se decía en esa declaración- pero sí alertar del riesgo del uso abusivo de químicos tóxicos en productos que usamos todos los días y en nuestras casas y lugares de trabajo”.

Mientras tanto, en esta fundación se enseña al paciente a hacer un estricto control ambiental de los tóxicos que le rodean. Se hacen también exhaustivas analíticas para saber qué sustancias son los que más le dañan y se le preparan sueros, quelaciones (limpiezas) e inmunoterapia para que pueda ir tolerando alimentos, por ejemplo, o vaya recuperando su sistema inmunitario.

El doctor Daniel Goyal, especialista en medicina ambiental de la prestigiosa clínica Breakspear de Londres y colaborador de Alborada, ha tratado varios casos de niños con autismo, y sus pacientes mejoraban inmediatamente en cuanto se suprimía de su entorno o su dieta contaminantes habituales como los pesticidas de las frutas o moléculas habituales en cosmética corporal. Y recuperaban una vida prácticamente normal con tratamientos no farmacológicos, como saunas de desintoxicación, vacunas anti-tóxicas, oxigenoterapia, suplementos vitamínicos y otros tratamientos novedosos, en muchos casos, individualizados para cada paciente.

“En todas estas circunstancias y muchas otras puede encontrar alivio o curación aprendiendo a vivir sin tóxicos o a evitarlos en todo lo posible. Un tratamiento para liberar a su organismo de oxidantes, radicales libres, metales pesados y otros contaminantes cambiará su vida restableciendo su salud”, explica la doctora Muñoz-Calero.

Es el caso de Desiré, una niña de 14 años que, desde hace tres, padece una Sensibilidad Química Múltiple (SQM) que le ha provocado fuertes dolores de estómago, pérdida de peso o inmovilidad y que no puede ir al colegio sólo porque allí limpian con lejía y otros productos abrasivos para ella. Ahora, después de unos meses de tratamiento en la clínica de la Fundación Alborada en Brunete (Madrid), ha mejorado sensiblemente. “Estoy mejor, noto gran diferencia, ¡tanta, que ahora hasta puedo correr un kilómetro!”. “Mi mejoría me da mucha alegría y fuerza para seguir adelante –apunta- pero es muy difícil porque mi vida ya nunca va a volver a ser como antes, como la de una adolescente de 14 años en el siglo XXI que estudia y tiene amigos”.

De todos estos temas tratará el VI Congreso Internacional de Medicina Ambiental, que reunirá en Madrid, el próximo mes de junio, a los más destacados especialistas en este emergente campo de la práctica médica.