Mi huerto ecológico

Tomates recién cosechados

Por la tarde voy a mi huerto ecológico, recojo las hojas de lechuga, rúcula, espinaca, escarola, unas ramitas de apio, pimiento, zanahoria, tomates y ¡apa!… a preparar la cena. ¡Un lujo tener un huerto en casa!

En este artículo explico las ventajas de tener un huerto en casa, la experiencia que tuvimos con dos tipos de huertos y un repaso rápido sobre la evolución de nuestro huerto.

SABES LO QUE COMES Y LO QUE COMES TIENE SABOR

Lo primero que se nota en los productos de un huerto doméstico es la calidad organoléptica, el sabor, un tomate madurado en la planta bajo el sol y recogido cuando está totalmente rojo tiene un sabor intenso, dulce y apenas presenta acidez. Nada que ver con los tomates de supermercado que tienen una apariencia perfecta y saben a agua.

Otra ventaja que no tiene precio es que sabes exactamente lo que estás consumiendo. Si tienes un huerto ecológico tienes la certeza absoluta de que no hay restos de fertilizantes o pesticidas químicos ni en el interior ni en la piel de tus legumbres y verduras. Puedes comer lo que quieras con su cáscara, aprovechando al máximo sus nutrientes y sin ingerir restos de sustancias indeseables.

ES UN NUEVO MUNDO

Si tienes capacidad de observación y un poco de curiosidad un huerto es una puerta que se abre a un nuevo mundo.

Un huerto exitoso es el resultado de un mini eco-sistema equilibrado. La tierra sana está llena de lombrices que oxigenan la tierra y transforman restos vegetales en humus (un adobo natural), bacterias que ayudan a fijar el nitrógeno en la tierra (esencial para el crecimiento de las plantas) y otros miles de organismos vivos que en su frenética actividad mantienen la tierra llena de nutrientes y fértil.

Pero no solo la tierra está viva, en la superficie unas cuantas hormigas se pasean, aparecen unos pulgones que atraen a mariquitas que se comen a los pulgones, luego aparecen unos chinches que acaban siendo devorados por gorriones o por mantis religiosas, mientras las abejas van saltando de flor en flor, recogiendo su alimento  a la vez que las polinizan y hacen posible los frutos que se transformaran en calabacines, pimientos, tomates, etc.

Otro universo que se abre es el de las variedades hortícolas. En el sistema actual lo mejor para los agricultores es enfocarse en las variedades más fáciles de comercializar y más productivas, de manera que otras variedades menos comerciales se pierden. En un huerto casero todas estas variedades vuelven a tener sentido: ya sea porque queremos unas variedades tempranas y otras tardías para disponer de un tipo de verdura durante más tiempo, porque queremos probar distintos sabores o porque así tenemos más variedad de nutrientes. Este año he conseguido semillas de rábano negro, judías de metro y un tomate que es largo como un pimiento, dulce y apenas tiene semillas.

Todo lo que quitamos de la tierra en forma de alimentos, luego tenemos que devolverle en forma de compost que hacemos con restos de alimentos y estiércol, que en una casa podemos obtener de unas pocas gallinas.

HAY QUE HACERLO CONCIENZUDAMENTE

Desde luego no todo son flores. Nuestro primer huerto fue el huerto de Pin y Pon, todas las verduras eran en miniatura, lo hicimos “a lo loco”, un riego improvisado, un rincón del jardín y a plantar… poco conocimiento, pequeña cosecha.

Luego nos pusimos a investigar y al final nos decidimos por hacer el método de Gaspar Caballero de Segovia, con el diseño Parades en Crestall. Este método usa como base el  bancal profundo con algunas modificaciones ideadas por Gaspar. Sus ventajas es que no tienes que labrar la tierra cada año, el mantenimiento es mínimo (básicamente plantar y cosechar,  guiar plantas como la tomatera y hacer algunas podas en plantas gigantescas como los calabacines) y no se usa ningún tipo de pesticida o herbicida.

Hicimos un curso de 2 días y la verdad es que nos ha ayudado muchísimo. El curso es una especie de kit básico: con los conocimientos adquiridos, al día siguiente, ya puedes montar tu propio huerto. Luego ya irás variando la técnica y adaptándola a tus gustos, pero al terminar el curso sabes los metros cuadrados que necesitas, como tienes que distribuirlos, lo que tienes que comprar y cuando.

EL MAKING-OF

En casa había una bajada que tuvimos que transformarla en 4 bancales: en el primero colocaremos los depósitos de agua de lluvia, las gallinas y los montones de compost, en el segundo y tercero las 4 paradas del huerto y en el cuarto el leñero y un área para drenar el exceso de agua.

Preparando el terreno

Creando los bancales

Preparando la zona de los depósitos de agua

Es importante tener cuatro paradas para hacer las rotaciones de cultivo, cada grupo de plantas es débil a plagas específicas  y consume ciertos nutrientes de la tierra las rotaciones son fundamentales para evitar plagas y mantener la fertilidad natural de la tierra.

2 paradas por bancal

Por limitaciones del terreno la distancia entre cada parada no es la más correcta, debería haber  1 metro a cada lado de una parada. Al no disponer de este espacio, cuando las plantas son muy grandes tenemos que hacer algún contorcionismo, vamos además de comer bien estamos en forma.

Las plantas han crecido rápido. Al ser el primer año, todavía no tenemos nuestro propio compost y hemos aportado compost orgánico a la tierra. Tenemos la visita indeseada de alguna mosca y principalmente de caracoles y babosas, pero el huerto produce suficiente para nosotros y para ellos. El único tratamiento que aplicamos fue un macerado de hojas de tabaco contra una plaga de chinches.

250 gramos de judias cada semana

Es mejor recoger los calabacines mientras son pequeños

Ahora estamos preparando el gallinero, en el que pondremos dos gallinas que se encargaran de reciclar restos de alimentos, caracoles y babosas y su estiércol ayudará a descomponer restos vegetales en compost que devolveremos a la tierra. Pero esto será otro artículo.