Lechuga intenta dar la vuelta al mundo y muere

La próxima vez que vayas al supermercado compare la fecha de caducidad de una lechuga y un paquete de harina de trigo. En seguida te darás cuenta de que un paquete de harina tiene casi un año para dar la vuelta al mundo, mientras que una lechuga en una semana se pudre y muere. Y te estarás preguntando “¿Y a mí que me importa?”, pues ahora te lo explico.

Cuando miramos las enfermedades occidentales nos encontramos con obesidad, cardiopatías, diabetes y cáncer. El aumento de estas enfermedades se debe a varios factores, uno de ellos el cambio de nuestros hábitos alimentarios. Antiguamente, frutas y verduras estaban más presentes en nuestro plato, la carne roja era de mejor calidad y apenas habían alimentos procesados. La durabilidad de los granos tiene mucho que ver con estos cambios.

Para la industria, la larga duración de los granos es una bendición, se pueden comprar dónde sea, transportar durante semanas en navíos y almacenar casi indefinidamente. Por supuesto es más económico y lucrativo explotar los granos que no las perecederas frutas y verduras. Por esta razón la alimentación de los animales de granja fue sustituida por los granos y los supermercados se han inundado de granos refinados (harina) y sus derivados: pastas, bollerías, aceites y margarinas.

Lo que financieramente es muy interesante para la industria, resultó desastroso para los animales y para nosotros. En los últimos 50 años cambiamos drásticamente la dieta y este período en términos evolutivos es demasiado corto para una correcta adaptación. Y en lo que se refiere a las calidades nutritivas las frutas y verduras son pobres en calorías y son ricas en nutrientes, fibras y omega-3 (la grasa buena). Los granos, principalmente los refinados, son pobres en nutrientes y ricos en calorías (en forma de carbohidratos)

La carne roja actual, también es de calidad inferior, el ganado sin su alimentación original es más propenso a enfermedades, lo que hace necesario su tratamiento preventivo con antibióticos, y su carne y leche son más pobres en nutrientes y en omega-3.
¿Y en qué quedamos? Pues que es más saludable comer carne y huevos de agricultura ecológica (en la que los animales pastan y se alimentan de manera más natural) y poner más fruta y verdura en nuestros platos. Si los consumidores cambian de comportamiento la industria les seguirá.
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Este post fue inspirado y documentado en el libro EL DETECTIVE EN EL SUPERMERCADO del autor Michael Pollan, publicado en 2008. Este libro está disponible para préstamos en la Biblioteca Pública de Tarragona.