La competencia, la cooperación y la ley Sinde

Mientras conducía de camino a casa Julia Otero hablaba de la ley sinde y enfrentaban dos opiniones: por un lado los que defienden el acto de compartir archivos en la red como libertad de expresión y del otro los que lo ven como la piratería que va a acabar con el medio de vida de compositores, cantores, escritores, etc.

En mi opinión la piratería se trata de una revancha, durante décadas la industria discográfica ha cobrado lo que ha querido de sus consumidores y ahora el consumidor se le está pagando en la misma moneda: ahorrando lo que puede y mientras puede.

Un dato curioso: hace 10 años había en  Brasil un grupo de forró llamado Morango del Nordeste.  Eran campeones de ventas y populares entre la gente de  clase media y también entre los pobres. Cuando hicieron el contrato con la discográfica una de las cláusulas impuestas por el grupo fue que su CD no podía costar más de 8,50 reales (moneda brasileña), en aquella época un CD malo costaba unos 12 reales, un buen CD costaba unos 20 reales y los CDs posicionados como caros costaban unos 30 reales. Curiosamente el CD de Morango del Nordeste era el más vendido y el menos pirateado y la discográfica estaba ansiosa por renovarles contrato. A mi me huele que esta banda sabía lo que era un precio justo y la gente paga por un precio justo.

Creo que la mayor parte de la población que hace piratería se siente un poco como Robin Hood, y esto es reflejo de una sociedad que desconfía de las empresas. Y no es para menos si todos sabemos que la empresa apretará al proveedor, a sus trabajadores, y subirá el margen lo máximo posible, o alguien duda de los lemas “la pasta es la pasta”, “el dinero primero” y otros por el estilo. En fin, es un modelo de competición y siempre competimos contra alguien y queremos que este alguien pierda y que nosotros ganemos.

Si tuviéramos una cultura de cooperación haríamos un acuerdo para que las discográficas pudiesen seguir haciendo lo que saben y ofreciéndonos lo que nos gusta con la tranquilidad de que lo que les damos a cambio es justo para ambos lados. La dinámica de una ONG es así, les donamos dinero para que sigan haciendo lo que hacen porque nos complace y además cada uno da lo que puede y lo que cree correcto.

Yo si fuera un cantor, pondría en mi página web un botón para donaciones, o lo que es lo mismo dejaría que cada uno pagara lo que quisiera por mi música. Por lo menos en mi caso donaría con mucho gusto dinero a Fito para que siga componiendo estas canciones que me gustan tanto. Pero ¡oops! a lo mejor a la discográfica no le parece buena idea, imaginen que la cosa va bien y Fito se independiza…

En resumen ni la piratería, ni el modelo tradicional son válidos. Menos ley Sinde y más estrujarse las neuronas para viabilizar un modelo cooperativo.