La Casa Calentita – II parte

El invierno se acerca, la temperatura cae y algunas cosas que han funcionado bien en otoño ya no son suficientes por lo que hay que incrementar las medidas para mantenerse en calor.

En mi caso, en un chalet individual y sin estufa de gasóleo o gas natural, se podría encender y programar todos los radiadores eléctricos, pero, como comenté en el post anterior esto significaría un gasto de unos 1.500€ (facturas de febrero y abril) y un derroche de energía.

La solución es hacer una mezcla usando el radiador eléctrico, los calefactores eléctricos, estufas de parafina y la estufa de leña, como se puede observar en la ilustración abajo. De esta manera conseguimos hacer que la casa entre rápidamente en calor cuando necesitamos, la mantenemos en calor principalmente con la estufa de leña y conseguimos una temperatura estable a la hora de dormir.

La principal fuente de calor es la estufa de leña. La encendemos cuándo llegamos del trabajo y en los fines de semana, dependiendo del frío que haga, podemos encenderla por la mañana o al mediodía. Para aumentar su alcance, ponemos un ventilador que hace que el aire frío pase por detrás de la estufa y salga caliente, de esta manera el calor se nota en seguida en toda la casa.

Para que el ambiente se caliente más rápidamente encendemos las estufas de parafina. La del salón comedor tiene un ventilador incorporado de manera que el calor se distribuye por todo el ambiente. La del pasillo es sencilla y su calor se distribuye por radiación, mucho más lento. Después de 1 hora y media, cuando la estufa de leña ya está a máxima potencia, apagamos las estufas de parafina. Aunque muchas veces mantenemos la del pasillo encendida.

Nuestra habitación es la única que tiene el radiador eléctrico encendido. Se enciende a las 22:00 h y se apaga a las 8:00 h, la temperatura programada es de 18º, suficiente puesto que dormimos con un edredón de invierno y pijamas de invierno (que es lo que toca, ¿no?).

Entre semana programamos dos calefactores eléctricos (estos con aire caliente) uno en el baño y otro en la cocina. Este tipo de estufa da la sensación de calor inmediatamente, igualmente en cuanto se apaga se vuelve a notar el frío. La gran cantidad de energía que consume se ve compensada por el poco tiempo que las usamos: menos de una hora, es el tiempo necesario para despertarse, desayunar, ducharse e ir al trabajo.

La leña nos gusta por ser barata, por ser neutra (es decir, todo el CO2 emitido durante la combustión de la leña ya ha sido compensando por el CO2 que el árbol ha absorbido mientras crecía) y también porque beneficia a la gente de la zona en vez de beneficiar un gran empresa.

Acabamos de comprar una tonelada de leña de avellanos y olivos por 100€, flete e IVA incluidos. Estos árboles hacen una madera densa y pesada y una tonelada ocupa un espacio aproximado de 2 metros cúbicos. En años anteriores compramos una mezcla que incluía madera de pino, el pino es muy ligero y por esto ocupa mucho más espacio.

La parafina ofrece muchas ventajas en relación al butano. Primero porque no hay riesgo de explosión, la parafina solo es inflamable a partir de los 60º de manera que si tropiezas con la estufa y el contenido se vuelca al suelo, el fuego se extingue. Lo segundo es que su calor es seco mientras que el butano aumenta la humedad del ambiente en el proceso de combustión.

El principal inconveniente es que hay que rellenar el depósito (4 litros) de la estufa a menudo, una vez a cada 3 o 4 días. En casa compramos galones de 20 litros y usamos una bomba manual para rellenar el depósito. El invierno anterior gastamos 6 galones (aproximadamente 240€).