Ingredientes en los cosméticos

En 2015 uno de cada tres españoles desarrollará un cáncer, en los últimos años se han disparado las alergias y las enfermedades autoinmunes, como celiaquía, sensibilidad química múltiple o esclerosis múltiple. Hay mucha investigación sobre los tratamientos, pero apenas se preguntan por las causas de estas enfermedades.

La vida moderna está repleta de pequeños ataques contra nuestro cuerpo: los alimentos procesados tienen aditivos químicos sintéticos; las frutas y verduras reciben tratamientos con pesticidas y abonos químicos; recibimos radiación de los móviles; dentro de casa tenemos sustancias tóxicas en la pintura, ordenadores y otros objetos de la casa; los cosméticos que usamos tienen ingredientes peligrosos; los coches y la industria contaminan y a todo esto hay que añadir nuestro estilo de vida estresado y sedentario.

No es nada absurdo imaginarse que hay relación entre el aumento de estas enfermedades y el estilo de vida moderno. Es imposible discernir en qué medida cada uno de estos elementos contribuye al desarrollo de enfermedades. Miremos el caso de los cosméticos, todas sustancias nocivas que se encuentran en los cosméticos son totalmente legales  y las que son peligrosas tienen cantidades máximas reguladas.

El problema es que se regula las cantidades máximas que pueden estar presentes en un producto y en la vida real usamos varios productos, por lo que sumando las pequeñas cantidades presentes en productos distintos podemos superar los límites máximos regulados. Además estamos expuestos a varias substancias al mismo tiempo y no hay suficientes estudios sobre la interacción de diversas sustancias peligrosas.

Este es el mundo en el cual nos ha tocado vivir. Informarse y buscar productos más naturales es una manera de reducir nuestra exposición. Por esta razón abro la sección “ingredientes” en la que evalúo los ingredientes que hay en mis cosméticos según la información disponible en la base de datos de cosméticos del Environmental Working Group.

Esta base de datos presenta una evaluación toxicológica global, sin considerar dosis, tiempo de exposición o tipo de exposición (ingestión, aerosol, crema sobre la piel, etc.). La calificación de cada ingrediente está basada en la compilación de diversos estudios con células in vitro, animales o seres humanos que se han realizado por todo el mundo a lo largo del tiempo, algunos son muy antiguos. Es decir: hay que coger esta información con pinzas. Esto pone de manifiesto que los estudios son incompletos y falta mucha información, al final los consumidores están siendo los conejillos de indias de la industria cosmética.

Yo prefiero utilizar marcas naturales para alejarme de marcas tradicionales llenas de productos químicos y sustancias innovadoras, milagrosas y de efectos desconocidos, pero esta elección está basada en la intuición de que estas marcas son mas sanas. Para comprobar en que medida esta intuición es correcta y también por un criterio de igualdad y transparencia evalúo todas las marcas que tengo a mano. Mirando rápidamente los ingredientes he notado que las casas naturales (de las cuales tengo muchos productos) hay muchas esencias naturales, mientras que en una marca tradicional apenas las hay. En ambas he encontrado productos de media y alta peligrosidad, pero en las marcas tradicionales es mayor la incidencia.

Siempre que encuentre un ingrediente de peligrosidad moderada (según EWG) escribiré a la empresa que manufactura el producto y en el caso de que reciba una respuesta la publicaré integralmente. Yo no puedo analizar todos productos, por esto animo a que cada uno eche un vistazo a los productos que tenga en casa, busque sus ingredientes en la base de datos del EWG y escriba al fabricante si descubre algo que no le guste. Es la única manera de conocer las marcas más allá de sus promesas publicitarias.

Análisis realizadas:
Enlaces de Interés:
“La Historia de los Cosméticos” 
con Annie Leonard