Finanzas para la libertad

Mis abuelos se dejaban la vida en el trabajo y cuando llegaba el fin de mes tenían deudas. Lo asombroso es que hoy día la gente sigue haciendo lo mismo.

INTRODUCCIÓN
Cuando mis abuelos migraron a Brasil se encontraron con la siguiente situación: un terrateniente les esperaba en el puerto con una propuesta de trabajo. El acuerdo era sencillo: mis abuelos trabajarían en sus tierras, vivirían en la casa que él les alquilaría y comprarían en su tienda, al final del mes pasarían cuentas. Todo muy bien, excepto por el hecho de que al final de cada mes el resultado de las cuentas era que mis abuelos debían cada vez más dinero al terrateniente.

La situación actual, guardadas las distancias, tiene muchas similitudes con esta historia. Todo se ha sofisticado enormemente, ahora las casas son mansiones, hay infinitud de tiendas y además hay coches para comprar. ¡Y qué coches! Pero las personas siguen cumpliendo los dos papeles básicos: trabajar y consumir. Y el terrateniente se ha transformado en un enmarañado de industrias, comercios y bancos.

Vivimos en una sociedad capitalista y lo “normal” es que uno quiera una casa más grande, un coche más nuevo, el ipad, el iphone, las ropas de marca tal, frecuentar los restaurantes de moda y cada año hacerse un gran viaje de vacaciones. A cambio hay que dejarse la vida en el trabajo y tener deudas en el banco y en la tarjeta de crédito. Siguiendo este modelo queda muy poco margen de maniobra para cambiar de vida, siempre habrá demasiadas “responsabilidades” y los cambios siempre parecerán demasiado “arriesgados”. Reducir la jornada de trabajo para tener más tiempo para un proyecto social o personal, emprender un nuevo negocio o dar un vuelco a la carrera siempre serán sueños imposibles.

Gestionar las finanzas para tener libertad de opción es gastar el dinero de manera que no quedes atrapado en este círculo. Hay dos gastos de peso que comentaré: la vivienda y el coche y para finalizar hablaré sobre la planificación general.

LA VIVIENDA
Ya sea casa o piso, busca una vivienda que sea pequeña. Cuantos más metros cuadrados más caro será adquirirla y mayor la deuda a asumir. Además una casa grande y cara significa un gran coste de mantenimiento: impuestos más altos, seguros más altos, más espacio para calentar en invierno y enfriar en verano, más paredes para pintar y más sitio para decorar y amueblar.

También ten en cuenta como tu vida cambiará a lo largo de los años y como esto afectará el inmueble. Por ejemplo: si tienes hijos pequeños no compres una casa en una urbanización alejada de la ciudad, o luego tendrás que estar todo el día llevándoles y buscándoles a sus actividades.

Tómate tu tiempo para comprar. Es una inversión muy alta y lo mejor es tener paciencia y sangre fría para comprar a un precio ajustado al mercado o incluso esperar por alguna oportunidad como un inmueble que tiene que ser vendido con urgencia y que el propietario esté dispuesto a aplicar un buen descuento a su precio.

Negocia un buen diferencial para la hipoteca. No te quedes solamente en tu banco de toda la vida, consulta las condiciones de otros bancos. Los intereses están formados por el Euribor (que es igual para todos los bancos) más un diferencial (que varía de banco a banco). Por ejemplo, en una hipoteca de 150.000€ la diferencia en intereses entre un diferencial del 1,5% y otro del 0,6% es de 1.350€ de intereses al año.

Combina una mensualidad baja con amortizaciones adicionales sin comisión. Una cuota mensual baja es importante para afrontar periodos de crisis, si te quedas sin empleo durante un tiempo o si tienes un gasto extra será más fácil pagar una mensualidad baja que no una alta. El lado negativo es que cuanto menor la cuota, más tiempo dura la deuda y más intereses se pagan. La cuota baja es una opción válida cuando a la vez negocias amortizaciones adicionales sin comisión. De esta manera, siempre que tu situación económica esté normal, podrás hacer una amortización extra a cada 6 meses para reducir la deuda.

Alquiler vs compra. Por el lado emocional, yo me siento más segura comprando, al final siempre hay un rincón pesimista en nuestra mente que piensa que si todo va mal, al menos tienes tu casa (claro si ya has terminado de pagar la hipoteca). También me siento más confortable pues sé que podré disfrutar de todo lo que invierta en ella, desde una instalación de energía solar hasta un árbol frutal que tardará años en dar frutos.

Por el lado financiero deberías comparar la cantidad que pagarías en alquiler con la cantidad que pagarías en intereses al banco por una hipoteca. Si el alquiler es mayor que los intereses compensa comprar. Si se da la situación inversa es mejor alquilar e ir ahorrando el resto del dinero para en el futuro hacer una compra al contado.

Esto porque los intereses y los alquileres son dinero “perdido”: los pagas cada mes pero no adquieres nada a cambio. Cada cuota que pagas de la hipoteca está formada por los intereses que pagas al banco, más la amortización de la deuda (el valor de la casa). Si cada mes pagases una cuota tan pequeña que solo fuera suficiente para pagar los intereses nunca liquidarías la deuda.

EL COCHE
El segundo punto en el que invertimos mucho dinero (y por tanto muchas horas de trabajo remunerado) es el coche. Busca un coche económico. Al final un coche es un montón de hierro sobre 4 ruedas que te transporta de un lado a otro. Cuanto más grande, potente y lujoso, más caro será.

La primera pregunta es: ¿necesitas un coche? Si vives dentro de la ciudad y puedes realizar la mayor parte de tus actividades usando transporte público te puede salir más a cuenta no tener coche, usar el taxi esporádicamente y alquilar un coche cuando lo necesites. Para saber cuál te sale más a cuenta debes comparar los costes de moverte sin coche propio con los costes de comprar y mantener tu propio vehículo.

Un cálculo rápido es calcular los gastos anuales vinculados a tener un coche: sumar el impuesto de circulación, el seguro, revisión mecánica, el gasto de combustible y parking (si lo hay) y el valor del coche. Para sumar el valor aproximado del coche puedes hacer el siguiente cálculo: poner el valor de compra del coche, restarle el valor de venta (cuanto valdrá cuando te deshagas de él) y dividir el valor resultante por los años que quieres estar con este coche (es un cálculo aproximado y muy simplificado).

Si finalmente llegas a la conclusión de que necesitas tener un coche, debes llevar en consideración los aspectos siguientes:

Desvalorización: comprar un coche caro es un pésimo negocio porque a cada año que pase se irá desvalorizando, da igual que esté muy bien conservado. En el caso de un coche nuevo nada más salir de la concesionaria ya se desvaloriza alrededor de un 20%. Haciendo cuentas, si compras un coche nuevo por valor de 11.000€, al salir de la concesionaria ya valdrá 8.800€: una pérdida de 2.200€. Si el valor del coche es de 30.000€, al salir de la concesionaria valdrá 24.000€, suponiendo una pérdida de 6.000€.

El segundo aspecto relacionado al precio son el seguro y los impuestos. Al ser calculados sobre el valor total del vehículo cuanto más caro cueste, más caros serán el seguro y los impuestos. Por ejemplo el IVA, actualmente un 18%. El coche de 11.000€ pagará 1.980€ en IVA, mientras que el coche de 30.000€ pagará 5.400€ en IVA. También debes tener en cuenta la potencia del motor pues esto influye en el impuesto de circulación y las emisiones de CO2 influyen en el impuesto de matriculación, hay 4 tramos en función de las emisiones: exento, 4,75%, 9,75% y 14,75%.

Igual que el ejemplo de la casa, un coche también necesita mantenimiento. Vale la pena investigar el coste de las piezas y neumáticos, el coste por hora de mano de obra de los talleres (principalmente si planeas llevarle al taller de la concesionaria) y la fiabilidad de la marca. A modo de anécdota, tenía una amiga muy joven que nada más conseguir su primer empleo pidió un préstamo y se compró un alfa romeo, un día le veo llegar al trabajo con un coche sencillo y viejo, le pregunto “¿Qué ha pasado con tu coche?” y ella me contesta “Tía, es que no tengo pasta para cambiarle los neumáticos y mi padre me ha prestado el suyo”. Definitivamente no es un buen plan.

Combustible: cada vez más el precio del combustible cobra importancia en los gastos mensuales. Varios aspectos hacen subir el consumo de combustible: la potencia del motor, su peso (tamaño), la aerodinámica (los 4×4 definitivamente no son muy aerodinámicos) y el estilo de conducción.

PLANIFICACIÓN GENERAL
Cómo gastas el dinero es tan o más importante que la cantidad de dinero que ganas.

Cuando yo tenía mis 25 años trabajaba como gerente en una gran multinacional y cobraba muy, muy bien. Mi hermana pequeña (5 años más joven) aún estaba en la universidad y tenía una mísera beca. Un día nos pusimos a hablar de dinero y me quedé de piedra cuando me dijo el dinero que tenía ahorrado: ella tenía 5 veces más dinero ahorrado que yo, y yo cobraba unas 10 veces más que ella.

Si miras a las personas que te rodean y el propio histórico de tu vida te darás cuenta de que cuánto más ganas, más gastas. Es un aspecto más de la vida consumista moderna. La planificación general ayuda a mantenerse consciente de cuánto dinero realmente necesitas para vivir, a estar libre de deudas o a endeudarse lo mínimo necesario y, a hacer un ahorro que funcione como colchón en momentos difíciles.

La planificación es anual para hacer los cálculos más sencillos. Debes coger los extractos y recibos del año anterior para anotar valores como la hipoteca, seguros, gastos de comunidad, luz, telefonía y gas. Luego para definir los gastos de alimentación, limpieza y ocio los mejor es observar lo que gastas semanalmente y hacer una estimación. En el caso de vestuario, decoración y vacaciones debes mirar que valor consideras razonables para gastar en estas actividades.

Hay valores como los seguros en los que no puedes incidir mucho para modificarlos, pero en otros como alimentación, ocio y vestuarios puedes controlarlos mejor, desde comprar productos básicos (harina, huevos, verduras) y cocinar más en vez de comprar productos congelados que suelen costar más caro. O, en vez de comer en la calle por pereza a cocinar, planificarse mejor y guardar el dinero del ocio para cenas y salidas con los amigos que es cuando realmente disfrutas.

En la imagen abajo (haga clic sobre ella para ampliarla) está un ejemplo ficticio de la planificación general de una pareja sin hijos. Gasta tu dinero a conciencia para mantener tu libertad.

Haz clic sobre la imagen para ampliarla

Y dice el chiste: un norte americano dice a un cubano “¿Qué, finges que trabajas y tu gobierno finge que te paga?” el cubano le contesta “Puede ser, ¿y tú, trabajas toda la vida en lo que no te gusta para comprar cosas que no necesitas?”