Egipto libre

Emoción,  foto New York Times

Entusiasmo. Júbilo. Regocijo. Felicidad. Mi corazón sonríe y mis ojos lloran. Ahora me gustaría estar en la plaza Tahrir y abrazar a toda esta gente. Se merecen cada gota de alegría que les invade. El símbolo de 30 años de dictadura, de estado de emergencia, de corrupción, de mirar al exterior sin preocuparse de su propia gente se ha marchado y el primer paso de un largo viaje hacia la democracia acaba de empezar.

Plaza Tahrir, foto New York Times

Walid, Zaida, Miguel, Fátima, Amr… se han cansado de ser tratados como borregos, se tragaran el miedo y salieron a la calle a exigir sus derechos. Algunos se han muerto, tantos se han herido, pero tras cada decepción y cada palo una voluntad inquebrantable les llevaba devuelta a la plaza Tahrir.

Algunos analistas dicen que salen de una dictadura para entrar en otra, la de los Hermanos Musulmanes. Puede, pero yo esperaría más de un pueblo que hizo una manifestación pacífica, que cuando la policía abandonó las calles y varios presidiarios se fugaron de las prisiones se organizaran para proteger sus barrios y sus propiedades, que tuvieron la “santa paciencia” de crear una cárcel para los pro-Mubarak capturados.

Mañana los egipcios se encontrarán con problemas reales que no se marcharán con Mubarak: la ausencia de organización política tras años de dictadura, el alza de precios de los alimentos (causado por los bio-combustibles, los efectos del cambio climático y por la especulación) y el desempleo (causado por la crisis internacional, por el modelo económico mundial y por la incompetencia del gobierno).

Pero también se despertarán sin su dictador, con la inminente revocación de un estado de emergencia y con la construcción de un calendario de elecciones para, por fin,  poder elegir a sus representantes.
Viva Egipto. Alabado sea el pueblo.

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