Egipto: El espectáculo se acaba pero la rebelión continúa

Vengo siguiendo el movimiento egipcio en 5 periódicos de España, Reino Unido, Estados Unidos y Brasil. Hoy, en sus portadas, se había reducido drásticamente el protagonismo de este movimiento. Ya no hay novedad, grandes altercados y tampoco grandes marchas.  Aún así los egipcios que se han herido, las personas muertas, la falta de libertades y la pobreza siguen ahí y también su grito por una democracia real y un lugar al sol. 

¿Qué podemos hacer? Podemos no olvidarles y hacer que nuestros líderes tampoco se olviden. Según este movimiento deje de ser el foco de atención todos los lobos podrán quitarse la piel de cordero y enseñar su verdadera cara: Estados Unidos y Europa harán lo que más les conviene, ignorando o engañando al pueblo, quizás garantizando que Suleiman o algún otro nombre menos desgastado, pero igualmente fiel al régimen de Mubarak, sea el nuevo presidente.  Los Hermanos Musulmanes volverán a su radicalismo.  Y los demás partidos, debilitados por 30 años de dictadura, tardarán en organizarse y ganar terreno.

En mi visión, el movimiento vino y se hizo escuchar. A partir de ahora un grupo reducido estará presente en la plaza Tahrir a modo de recordatorio. Si mantenemos la presión tal vez consigamos ver atendidas las exigencias más inmediatas (como el fin del estado de emergencia) y que se hagan las reformas necesarias para que en septiembre se celebren elecciones democráticas. Si abandonamos el movimiento seguramente veremos una democracia a medias, una oportunidad perdida y un sabor amargo en la boca.