Egipto – 4 de febrero, 9.00 h

4 de febrero, 9.00 de la mañana en España. Aparentemente la noche fue tensa pero sin altercados en El Cairo. Las cámaras no pudieron entrar en la plaza y sigue el acoso a los periodistas. A pesar de la represión los manifestantes pro democracia siguen en sus puestos “Todos tenemos miedo por dentro. Pero por ahora hemos roto ese miedo.”

Si estás a favor de este movimiento, no te lo guardes solo para ti: firma la petición de Avaaz, serás solo un número más, pero si somos muchos tal vez cuente para algo. (firmar)

Os dejo con una traducción del artículo de Nicholas D. Kristof, columnista del New York Times, desde Egipto.

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En la la plaza Tahrir, el jueves me encontré con un carpintero llamado Mahmood en un pequeño hospital de campaña creado por el movimiento democrático, su brazo izquierdo llevaba un cabestrillo, su pierna estaba enyesada y su cabeza estaba vendada. Esta fue la séptima vez en 24 horas que había necesitado tratamiento médico por las lesiones sufridas a manos de turbas respaldadas por el gobierno. Pero tan pronto como Mahmood fue vendado se levantó tambaleante de nuevo al frente de batalla.

“Voy a luchar mientras pueda”, me dijo. Yo estaba asombrado. Me parecía una imagen de determinación que no podía ser superada, pero cuando hacía una foto a Mahmood vi a Amr en una silla de ruedas.

Amr había perdido sus piernas hace muchos años en un accidente de tren, aún así vino a la plaza Tahrir en su sille de ruedas para mostrar el apoyo a la democracia, lanzando rocas de vuelta a las turbas que el presidente Hosni Mubarak, al parecer, envió a asediar la plaza.

Amr (no estoy usando algunos apellidos para reducir los riesgos para la gente que cito) estaba siendo tratado por una herida causada por una piedra que le habían lanzado. Le pregunté, lo más educadamente que pude, que hacía un doble amputado en una silla de ruedas en una batalla campal con bombas molotov, palos, machetes, ladrillos y cuchillas de afeitar.

“Todavía tengo mis manos”, dijo con firmeza. “Si Dios quiere, voy a seguir luchando.” 

Ese era el clima en la plaza Tahrir el jueves: pura determinación, asombroso valor, y, a veces, desgarrador sufrimiento.

Mubarak ha estropeado el crepúsculo de su presidencia. Su gobierno es el responsable de una brutal represión – la caza de los activistas de derechos humanos, periodistas y, por supuesto, los propios manifestantes, al mismo tiempo que intentan bloquear el acceso de los ciudadanos a la plaza Tahrir. Al llegar cerca de la plaza por la mañana, me encontré con una línea de matones de Mubarak llevando palos de madera con clavos incrustados en ellos. Eso no parecía un lugar oportuno para salir de un taxi, así que me eché atrás.

Lo mismo hicieron muchos, muchos otros. En el hospital de campo de Tahrir Square (una mezquita en tiempos normales), 150 médicos han ofrecido sus servicios, a pesar del riesgo a sí mismos. Maged, un médico de 64 años de edad, que se apoya en un bastón para caminar, me dijo que él no había participado en las protestas, pero que cuando se enteró del asalto del gobierno contra los manifestantes pacíficos, algo le estalló por dentro.

Jueves a primera hora de la mañana, se preparó un testamento y luego condujo 125 millas a la plaza Tahrir para unirse a los voluntarios que atenden a los heridos. “No me importa si no vuelvo a casa”, me dijo. “Decidí que tenía que ser parte de esto”.”Si me muero”, añadió, “será por mi país”.

En el centro de la plaza Tahrir, también conocida como Plaza de la Liberación, me encontré con uno de mis héroes, la Dra. Nawal El Saadawi, una líder feminista árabe que durante décadas ha luchado contra la mutilación genital femenina. Dra. Saadawi, quien cumple 80 este año, tiene el pelo blanco, aparencia frágil y es apasionada.

“Siento que nací de nuevo”, dijo, y añadió que tenía intención de dormir con los manifestantes en la plaza Tahrir. También sugirió que en lugar de ser enviado al exilio cómodo, Mubarak debe ser llevado a juicio como un criminal, eso es un tema que tengo escuchado cada vez más a menudo entre los activistas pro-democracia.

Hay una pequeña cárcel en la Plaza Tahrir para matones pro-Mubarak que son capturados, y sus tarjetas de identificación indican que muchos están trabajando para la policía o el partido en el poder. Mubarak puede afirmar que está enfadado con la violencia en El Cairo, pero él la creo – y la única manera de restaurar el orden en Egipto y reactivar la economía es que renuncie de inmediato. Me alienta que la administración Obama esté argumentando con las autoridades egipcias para que esto suceda.

Innumerables egipcios aquí me dicen que están dispuestos a sacrificar sus vidas por la democracia. Lo dicen en serio. He oído cosas similares en muchos otros países en medio de los movimientos democráticos. Lamentablemente, por lo general lo que determina el destino de tales movimientos no es el coraje de los activistas por la democracia, sino la voluntad del gobierno para masacrar a sus ciudadanos. En ese caso, los sobrevivientes generalmente se retiran en silencio, y el movimiento queda extinguido por un tiempo.

Cualquiera que sea el plan de Mubarak, se siente como si algo hubiese cambiado, como si el pueblo egipcio hubiese despertado. Hoy cuando tuve que salir de la plaza Tahrir, varios egipcios me guiaron durante casi una hora a través de una ruta especial para que yo no fuera detenido o asaltado – a pesar del considerable riesgo para ellos mismos. Uno de mis guías era una mujer joven, Leila, quien me dijo: “Todos tenemos miedo por dentro. Pero ahora hemos roto ese miedo. ”

Los egipcios que conocí en la plaza Tahrir están arriesgando sus vidas para defender la democracia y la libertad, y ellos merecen nuestro más firme apoyo – y, francamente, también deberían inspirarnos. Una lección rápida en árabe egipcio coloquial: Innaharda, EHNA kullina Misryeen! Hoy, todos somos egipcios!

Artículo de Nicholas D. Kristof, columnista del New York Times, desde El Cairo.