¿De quién es la culpa?

Todos se preocupan por la contaminación pero muy pocos quieren compartir coche, usar transporte público o pagar más caro por un coche híbrido.
Todos se preocupan por el medio ambiente pero muy pocos están dispuestos a consumir menos o a pagar más caro por productos más sostenibles.
Todos quieren ganar sueldos  “europeos” pero prefieren pagar los precios de productos made in China, Taiwan, India, etc.
Todos quieren que la banca sea más ética, pero muy pocos están dispuestos a moverse a la banca ética (la mayoría no llega a buscar una banca ética).
Todos quieren un cambio (para mejor) en la política, pero siguen dando el 80% de los votos al PP y PSOE.

 

A pesar de que nuestra sociedad sea avanzada, tecnológica, democrática y que tengamos más bienes materiales que nunca, vivimos bajo la inseguridad económica, el pan de cada día es la corrupción en la vida política y la falta de lógica en las empresas, las conversas cuotidianas están llenas de indignación, quejas y culpables. ¿Qué aprenderemos de esta situación?

En la opinión de esta humilde bloguera todo lo que está pasando nos servirá de muy poco si no hay un cambio de actitud. Es vital que cada uno haga auto-crítica, que cada uno acepte su parte de culpa, que cada uno madure. Hemos llegado a este punto con la complicidad de todos: la avaricia de empresarios, la visión inmediatista de los políticos y la conveniente ceguera de los ciudadanos.

Todo el confort y el despilfarro del que se han beneficiado banqueros, políticos, ejecutivos, amas de casa, paletas, notarios, tú y yo, los viajes intercontinentales cada año, los 4×4, las segundas viviendas, los pisos gigantescos, el estrenar ropa cada semana, la ineficacia en todos los sectores, la duplicidad administrativa… Todas estas cosas ocurrían delante de nuestras narices y con nuestro consentimiento. Este tipo de “bonanza”, de desperdicio sin consecuencias no volverá jamás y encima nos está pasando factura.

Esta auto-crítica no nos impide indignarnos, salir a la calle, manifestarnos. Debemos hacerlo, debemos exigir responsabilidades y cambios a los políticos, empresarios e inversores, pero es obligatorio ir más allá y preguntarse ¿y a mí mismo? ¿Qué debo exigirme? ¿Y a los demás ciudadanos? ¿En qué se han equivocado y que deben hacer a partir de ahora?

Lograr una visión realista en la que cada uno es víctima y culpable es imprescindible para ver en qué punto estamos, dónde queremos llegar y que esfuerzos serán necesarios para ello. Hay que romper con la cultura de la manipulación en la que se usan palabras muy nobles para defender actitudes mezquinas.

Ya me gustaría que la clase política cuando hablase de austeridad empezase por recortar sus beneficios. O que cuando se hablase de sacrificios las grandes corporaciones fuesen las primeras en reducir sus beneficios para salvar la plantilla. Y, obviamente, que el ciudadano que exigiese un salario digno fuese el primero en rechazar un producto barato hecho en China a costas de un trabajador explotado.

Pero mientras vivamos en este decrépito cuento de hadas en el que la carga siempre la debe llevar el otro y en el que  a uno mismo solo le deben tocar los beneficios, seguiremos como críos que hacen pataletas inofensivas: hacen mucho ruido, pero no tienen fuerza para lograr lo que quieren y tampoco quieren pagar el precio para obtenerlo.

¿Estás de acuerdo con este artículo? ¿En tu opinión qué hace falta para que las cosas mejoren?