Annie Leonard en la conferencia de los Bioneros en 2009

Cuando desemos algo le llamamos por su nombre y cuando ya no le queremos le llamamos basura.

Annie Leonard, autora de La Historia de las Cosas (Story of Stuff), documental que nos explica el ciclo de vida de los productos: extracción, producción, distribución, consumo y desecho. En esta conferencia ella nos explica porque realizó este vídeo, cómo ve el mundo y que podemos hacer para lograr cambios que mejoren nuestra vida y preserven el mundo para las generaciones futuras.

Puedes ver su presentación (en inglés), o leer la transcripción integral de su discurso en español. La traducción la hice yo y las partes que no estoy segura de lo que dijo están en itálico. Buen provecho.

Transcripción del discurso:

Annie da las gracias por estar en el evento. Y empieza su discurso:
Yo realmente estoy metida en la basura y en las cosas. Cuando deseamos un objeto le llamamos  por su nombre y cuando ya no le queremos le llamamos basura, pero sigue siendo el mismo  objeto. Yo he seguido nuestra basura alrededor del mundo y literalmente he visitado centenas de fábricas dónde nuestras cosas son fabricadas y vertederos dónde nuestra basura es tirada. He visto en primera mano el impacto ambiental, en la salud y en la sociedad que nuestro sistema de producción y consumo está causando. Como producimos, usamos y tiramos todo en nuestra vida.

Ver esto en primera mano me ha generado un tipo de neurosis visual interna, cualquier objeto que toque, una taza, un reproductor de mp3, una camiseta de algodón, hace que el ciclo de vida de este producto pase como un flash por mi cabeza. No puedo controlarlo, mi mente involuntariamente reproduce toda esta película y estas imágenes de tierras baldías, campos orgánicos, campesinos en Nigeria, supervivientes de Union Carbide en Bhopal…  Si vas a tener una neurosis, ¿este es el tipo de neurosis que quieres tener?

Sí, pero a veces es muy solitario, y la gente me mira de una manera rara en las tiendas cuándo empiezo a tropezarme y a tener este tipo de convulsiones. De manera que, una de las razones por las que hice La Historia de las Cosas, fue para sentirme menos sola, yo quiero que más gente se una a mí y se pregunte de dónde vienen las cosas y adónde van cuándo las tiramos a la basura. Yo quiero poner el foco en la discusión sobre lo que está funcionando y lo que no funciona en nuestro sistema de producción y consumo.

Lo que veo es que hay 3 cosas que no funcionan en nuestro sistema de producción y consumo: estamos ensuciando al planeta, estamos ensuciando a nosotros mismo y ni siquiera estamos disfrutando. Y disfrutar es la clave, porque si la mayoría del planeta estuviese saludable, feliz y pasándoselo en grande, entonces tal vez deberíamos buscar una manera de continuar con este sistema insostenible o valdría la pena destruirlo todo en nombre de la diversión.

Vamos pasar rápidamente por estos 3 puntos. Estamos ensuciando el planeta: si has venido a esta conferencia o conoces a los bioneers (bioneros)  ya sabes que estamos ensuciando el planeta. De hecho si no lo sabes es porque vives en una cueva o ves demasiada Fox TV. Hay torrentes de información que prueban que estamos degradando nuestro planeta, una de las fuentes de información muy interesante es el global footprint network (red de la huella global), ellos hacen seguimiento de cuántos planetas, en términos renovación de recursos, usamos cada año, actualmente usamos 1,4 de los recursos del planeta al año. En una conferencia sobre el tema discutían si era 1,4 o 1,3, lo que es ridículo, porque cualquier índice superior a 1 indica que tenemos un problema, pues solo tenemos 1 planeta.  Uno de los índices indica el momento en el que sobrepasamos el consumo de recursos que la Tierra puede regenerar en un año, lo llaman Earth Overshoot Day, este año (2009) fue el 26 de Septiembre. Esto significa que estamos destruyendo la capacidad del planeta de regenerarse mientras la población mundial sigue creciendo y el consumo per capita también va en crecimiento, es decir, no vamos por buen camino y esta es la parte sobre ensuciar el planeta.

La segunda parte es como estamos tirando basura sobre nosotros mismos. Nos estamos contaminando de tantas maneras distintas, una de ellas es el uso de sustancias tóxicas. Estamos permitiendo a las químicas colocar una cantidad increíble de sustancias tóxicas en nuestras vidas: en nuestro protector labial, protector solar, muebles, productos electrónicos, en el aire,en el suelo y en el agua. Estos productos químicos provocan cáncer, problemas neurológicos, infertilidad… un montón de problemas para la salud, no deberíamos estar usándolos. Pero los usamos tantísimo, que se tornan invisibles, se tornan algo normal.

Las sustancias químicas aparecen en todas las pruebas de contaminación en humanos, incluso en el líquido amniótico y en el cordón umbilical. Están tan metidas en nuestra sociedad que se tornan invisibles. Otro día he visto un cartel que decía “sustancias cancerígenas provocan cáncer”, y he pensado ¡que obviedad!, pero es verdad y hay que decirlo, porque nos olvidamos, colocamos sustancias cancerígenas en nuestro día a día, en nuestra comida, en nuestras ropas y nos olvidamos, 1 de cada 3 personas en EUA tendrá cáncer, esto no está bien.

El otro aspecto es relativo a la igualdad, además de gastar demasiadas cosas y demasiados tóxicos, no los repartimos igualitariamente. Mitad de la población mundial vive con menos de 2 dólares al día, por primeravez llegamos al punto de tener 1 billón de personas hambrientas. Mientras algunos necesitan consumir muchísimo más simplemente para alcanzar sus necesidades básicas, otros están literalmente ahogándose en sus pertenencias, tenemos demasiadas cosas. Tener demasiadas cosas es una carga, tener demasiadas cosas es tóxico para el físico y para el espiritu. Tenemos tantas cosas que cuándo alguien nos regala algo pensamos: ¿dónde lo pongo? Es importante hablar en igualdad, porque en varios países debemos reducir el consumo, pero en otros lugares debemos aumentar el consumo y para nosotros que consumimos demasiado significa que debemos reducir drásticamente para poder hacer un hueco en la mesa a aquellos que no tienen nada.

Ahora vamos hablar de disfrutar, y esto realmente es fascinante, ahora se estudia lo que realmente hace las personas felices y al contrario de lo que muchos pueden llegar a pensar no es un nuevo ipod, o una nueva tv de pantalla plana, no es un coche (aunque sea un Prius). Lo que realmente hace la gente feliz en todas las culturas y en todos los niveles sociales son relaciones sociales de calidad: tiempo con la familia y con los amigos,  unirse en torno a un objetivo común.

Pero estamos en un momento en que trabajamos (EUA) más horas que cualquier país industrializado y gastamos más horas delante de la TV o haciendo compras, de manera que estamos restando tiempo a las actividades que realmente nos traen felicidad. Tenemos más cosas, pero menos amigos. 25% de los estadounidenses  dicen que no tienen a nadie con quien compartir sus problemas, una cantidad enorme de gente desconoce a sus vecinos y me pregunto ¿Qué sentido hay en tener una mesa carísima y fashion si no tienes amigos para invitar a tu casa y estrenarla?

El resultado es que tenemos menos amigos, menos comunidad, pero más cosas. Hay un índice muy interesante llamado The Happy Planet index realizado por The New Economics Foundation en Londres. Ellos miran el nivel de felicidad en diferentes países y también el consumo de recursos naturales: la felicidad dividida por el consumo de recursos naturales. Básicamente mide la capacidad de un país en transformar recursos en bien estar.

En 2009, de un total de 140 países analizados, Estados Unidos ocupó el puesto 114. Por debajo de EUA estaban los países escandinavos, por encima estaban todos los países de Europa excepto Luxemburgo, toda  América Latina y Caribe, mayor parte de Asia ycasi todos los países excepto algunos países de África. El número 1 de la lista fue Costa Rica que notablemente tuvo el valor de eliminar sus fondos militares para invertirlos en cosas que realmente producen bien estar.

Volviendo a los 3 puntos que me motivaron  a hacer La Historia de las Cosas: destruir al planeta, destruir a nosotros mismos y no divertirse. Estoy feliz de haberme encontrado con Sustainability Funders, Free Range Studios; nosotros compartíamos estas inquietudes y juntos hicimos La Historia de las Cosas. La respuesta al filme fue fenomenal, cuándo hicimos la propuesta pusimos que tendríamos éxito si  50.000 personas lo viesen. ¡50.000 personas lo han visto en las primeras 4 horas! ahora mismo hemos llegado a 7,3 millones de personas en todo el mundo.

La respuesta al filme me enseño 3 nuevas cosas, la primera es que los ciudadanos de este país están gradualmente perdiendo su capacidad de involucrarse. Y lo digo porque voy por todo el país exhibiendo La Historia de las Cosas, y para los que la han visto, sabéis que se trata de un problema grande, realmente grande y sistemático.

He perdido la cuenta de cuantas veces en una conferencia sobre La Historia de las Cosas, algún participante levanta la mano y me pregunta: “¿Qué puedo comprar  diferente para solucionar este problema?” o la gente me pregunta qué puede hacer y les devuelvo la pregunta y me contestan que pueden comprar productos ecológicos o de comercio justo y esto está genial, cuándo compras realmente deberías comprar de manera responsable,pero esto no es  acción política, esto no es lo que va a cambiar las cosas en este país.

Lo que quiero decires que tenemos 2 partes en el cerebro, una parte consumista y una parte ciudadana.  Y la parte consumista está siendo cuidada, nutrida y educada desde el primer momento. Tengo una hija pequeña y desde el primer día que dejamos el hospital fuimos bombardeadas con mensajes de consumo, sabemos consumir, cualquiera de nosotros puede comprar lo que quiera, en cualquier sitio y conseguir que se lo entreguen mañana por la mañana en su casa. Estamos familiarizados a esto y el peligro de la familiaridad es que es confortable, la familiaridad nos lleva al mismo sitio,  aunque no nos estén sirviendo bien.

Entonces al mismo tiempo que nuestro lado consumista se ha súperdesarrollado, nuestro lado ciudadano se ha atrofiado, ya no sabemos provocar cambios. Las soluciones no están en venta en la tienda, lo mejor que puedes hacer cuando estás en una tienda es hablar con la persona de al lado, presentarse, preguntarle qué tiene en mente, qué quiere cambiar en su comunidad y quedar para cenar.  Empecemos a construir esta comunidad, y si lo hacemos estoy segura de que un día estaré por ahí con La Historia de las Cosas y alguien levantará la mano y preguntará “¿Qué acción colectiva significativa podemos hacer para cambiar las cosas desde la raíz?”.

¿Y sabes lo que es genial? ¿Te acuerdas de lo que expliqué sobre la felicidad y sobre lo que realmente nos hace felices? Involucrarse en la sociedad civil y reconstruir la comunidad, nos da todas las cosas que nos hacen felices, no solo estaremos re-organizando la economía, no solo estaremos salvando el planeta (que también es un buen incentivo), pero  estaremos pasándolo en grande, teniendo nuevos amigos y disfrutando.

La segunda cosa que aprendí de las respuesta a este filme fue que a pesar de que la mayoría de las respuesta fue totalmente positiva, hay un pequeño grupo de personas que quiere silenciar esta conversación, quieren bajar el volumen de esta conversación. Este grupo no es grande pero consiguen hacer eco, a pesar de su pequeña representatividad y su falta de habilidad para pensar de manera crítica, por su desproporcional acceso a TV a nivel nacional y a su acceso a programas de talk shows.

El objetivo de La Historia de las Cosas es compartir lo que he visto en una década de visitas a fábricas y vertederos alrededor del mundo, para poner las luces sobre todos los impactos negativos escondidos detrás de nuestro estilo de vida. He visto muchos problemas y quiero alertar las personas sobre esto.

Lo normal es pensar que si tú estás en un barco que se está hundiendo, como es nuestro modelo económico basado en tóxicos y en la destrucción de los espacios naturales, pensarías que avisar a la gente sería positivo, avisar a la gente nos da la oportunidad de reorganizarnos, de hacer estrategias de intentar soluciones antes de darnos contra el muro.

Pero, por señalar lo que no está funcionando,yo y otras personas del Progressive Movement, fuimos atacados por ser anti-americanos,por amenazar al país, por aterrorizar a los niños.  Fui llamada Marx con una coleta de caballo.

La mayor queja de Glen Beck sobre La Historia de las Cosas fue que ¡promueve justicia social! ¿Y sabes que digo?, que él esta increíblemente en lo cierto. Y yo quiero seguir promoviendo la justicia social con todos vosotros porque esta es la manera de honorificar, proteger y defender a este país.

¿Qué hacemos con estos ataques ridículos? Lo digo ridículos porque un compañero me comentaba que hacía un discurso en Florida y un grupo de simpatizantes de Beck llevaban pancartas con una foto suya con el bigote de Hitler, y ponían ilustraciones de que este movimiento es igual a Hitler y Stalin. ¡Esta gente está loca!

¿Qué hacemos? Pues aumentamos en volumen, hablaremos de esto más alto y más veces. Defendemos más espacio para un discurso informado, racional, compasivo y respetuoso sobre cómo llevar este país de vuelta a los carriles.

Cuándo veos estos programas, cuándo pienso en esta resistencia a salvar el planeta y a tratarnos bien me recuerda algo que aprendí sobre las mariposas. Cuándo el capullo empieza su transformación las nuevas células son atacadas por las antiguas, obviamente las células nuevas ganan y un gusano feo se transforma en una linda mariposa. Entonces me imagino que estos talk shows son células confusas.

La tercera cosa que aprendí de La Historia de las Cosas es que yo no estaba sola, no solo nosotros en esta sala y gente que nos acompaña desde internet, pero millones y millones de personas en todo el mundo comparten nuestras preocupaciones.

Nuestro email de La Historia de las Cosas fue invadido por mensajes de Rusia, India, China, de gente sin estudios a profesores de economía de Oxford, gente diciendo yo lo sabía pero no sabía cómo expresarlo, gente diciendo que quiere un cambio, que quieren hacer parte del cambio. 

He mirado la cantidad de gente en EUA que está en un movimiento  o se preocupa por el medio ambiente y representan un 70%. 70% es una cantidad suficiente para hacer cambios serios si nos involucramos, si conseguimos que vayan de simpatizantes a gente que actúa, no debemos perder tiempo en convencer los que niegan las evidencias, somos un 70%, cambiemos el sistema. Un 70% es más que la gente que apoyaba a Martin Luther King, es más que la gente que apoyaba el fin de la esclavitud, es más que la gente que quería que las mujeres votasen. Imagine si todos estos movimientos hubiesen esperado hasta llegar a un 100%, simplemente tiremos millas.

El problema de nuestro sistema es estructural, nuestro sistema económico sobrepone destruir el planeta a preservarlo, prioriza el beneficio personal sobre la equidad, da a las corporaciones los mismos derechos de un ser humano. Con un 70% podemos rediseñar el sistema, podemos forzar que “hacerlo correcto” sea la única alternativa, no tenemos que convencer a todos a vivir dentro de los límites del planeta, a eliminar los tóxicos de nuestras vidas,  a tratarnos todos de manera justa, seremos la mayoría y les llevaremos a esta dirección.

Mucha gente me pregunta si habrá un cambio, el cambio es inevitable, no podemos continuar usando 1,4 de los recursos de la Tierra indefinidamente. La cuestión es: ¿planificaremos este cambio o el cambio nos arrastrará? Las 2 opciones son difíciles y van exigir mucho de nosotros, pero  si planificamos podemos actuar según nuestras intenciones, podemos ser más inteligentes, más compasivos, más justos.  Si el cambio nos arrastra, si no reaccionamos, el cambio podrá ser realmente duro. Me gusta imaginar que estamos conduciendo un coche y hay una curva, podemos hacerla controlando el coche o perdiendo el control.

Mucha gente me pregunta cómo puede involucrarse y la verdades que hay tantas opciones, tantos frentes que puedes elegir lo que quieras.Para mi es la basura, pero puede ser transporte seguro, agricultura ecológica, salud… Mire en las cosas que sabes hacer y que te gustan y elige. Es cierto que será un camino muy largo, asegúrate de que elijas algo que te apasiona y tírate de cabeza, porque así conseguiremos salvar el planeta y además pasárnoslo en grande.